Un video de Julio Aguirre,papá del Movimiento Social Autismo Chile.
Por una ley de autismo en,Chile.
Nunca más Sólos!!!
Aquí no encontrarás curas milagrosas ni falsas esperanzas. No soy partidaria de las biodietas ni antivacunas.===
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
martes, 10 de noviembre de 2015
Una reflexión de una madre,Annabelle Lee,del Movimiento Social Autismo Chile:
Aún recuerdo cuando yo tenía unos ocho o nueve años y en una reunión familiar, mi tío Hosne me preguntó “¿Qué quiere ser cuando grande?”, respondí, de inmediato “Quiero ser recogedora de hojas, para juntarlas todas y luego tirarme arriba de ellas”. Obviamente, mi tío rió y, prontamente, me quitaron esas ideas “revolucionarias” de mi cabeza”. Fue así que seguí el camino de mis tíos y primos, entré a la Universidad de Chile para durar un par de años y cambiarme a pedagogía, la que demoré en terminar, porque dedicaba gran parte de mis días a repartir cartas (así pagué parte de mi carrera); sin embargo, más que una dificultad, era la parte del tiempo que más me gustaba, creo que he sido una de las mejores carteras y aseguro que ha sido la pega que más me ha gustado.
Por qué hago esta reflexión? Hoy sé que mi pequeño Chaguito es TEA. Mi vieja me pidió que, por favor, no lo contara en la familia. Claro un “bicho raro” de tamaña “calaña” sería excesivamente rechazado en un entorno que casi me dio vuelta la espalda cuando supieron que iba a haber una profe en la familia.
Después de años, este finde me aparecí en el almuerzo familiar de la casa de mi tía Carmen y conté lo que mi vieja me rogaba que me callara “Chaguito es TEA. “. “Qué es eso?” preguntó mi tía Paty. “Chaguito es autista”, respondí sin anestesia. Me miraron con cara de pena. Sentí la culpa de Víctor, el tío que abandonó a su hija esquizofrénica en Argentina y de la que no quiso saber más. Algunos se lamentaban; otros hacían como que no pasaba nada. De repente, con celular en mano, volvió a hablar la Paty “Oie, pero estos niños son muy inteligentes; mira Bill Gates tiene autismo…y tiene su compañía y mucha plata”. De pronto, la conversación apuntó al “nicho” de genialidad de los asperger, autistas y los “bichos raros” que pueden sacar títulos en grandes universidades, calcular de manera fabulosa, memorizar textos completos. Parecía que Chaguito calzaba justo en esta familia de exitosos profesionales y trabajadores eximios. Sin embargo, en medio de la conversa de las estimulaciones adecuadas y de las observaciones hacia mi Santiago se me ocurrió salir, como siempre, con la acotación desubicada “La verdad, me interesa que Chaguito sea feliz: si ir a Harvard lo va a hacer sentir pleno, que vaya a Harvard; si quiere ser carpintero o barrendero, genial”. Obvio, que las expresiones y “buenos consejos” no se hicieron esperar. Me quedé callada, porque sabía que en esta familia mía, no iban a entender, pero sé que aquí, ustedes lo harán: no sé qué irá a querer hacer Chaguito de su vida, no sé si irá querer sumergirse en un mundo de números y estudios; ser un simple cartero o, quizás, nunca hable y quiera hundirse en su mundo de silencio. Lo único que me interesa es que sepa entender este complicado mundo para que pueda, en algún momento de su vida, decir “Me siento tranquilo, puede decirse que a ratos soy feliz”
lunes, 1 de junio de 2015
Autismo y fiebre.
Marian Mellén,ha investigado en la Rockefeller University de Nueva York,a la hija de un millonario que tiene autismo.Hasta aquí podría parecer una investigacion más,pero,James Simons,ha observado que que su hija "mejoraba" con la fiebre.
Observaron que la niña mejoraba cuando tenia fiebre.Durante unos días le miraba a los ojos,hablaba más y sufría menos movimientos descontrolados,característicos en el autismo.Y no era el único caso.
Muchos padres han notado cierta mejoría de los síntomas en sus hijos con autismo,durante los estados febriles.
La confirmación llegó en diciembre de 2007,cuando epidemiologos de la Johns Hopkins School of Public Hálito,publicaron un estudio clínico,ratificando que,efectivamente,sin conocer todavía por que mecanismo,pero la subida de temperatura corporal atenuaba los síntomas del autismo.
Una pequeña revolución en la comunidad de investigadores en autismo y nuevas espectativas en las asociaciones de familiares:la relación podría esconder un posible tratamiento.
Fue así,como James Simons,fundó la Simons Fundation,para el estudio del autismo y empezó a financiar lineas de investigación para entender la correlación fiebre-autismo. y ver si de alguna manera el mecanismo podria ser utilizado de manera terapéutica.La hipótesis de trabajo de Mellén,nace de la segunda revolución en la asociación fiebre-autismo:
en 2009 los científicos Mark Mehler y Dominic Purpura del Albert Einstein College of Medicine en NY, publicaron una hipótesis muy prometedora:
hay una área del cerebro llamada sistema locus coeruleusnoradrenergic (LC-NA) que está involucrada en la regulación de la temperatura corporal y cuya desregulación también se ha asociado a los cambios conductuales asociados al autismo.
La publicación no era artículo científico, con resultados experimentales,sino una interesantisima y solida hipótesis de trabajo inicial,que venia avalada por muchos otros datos conocidos sobre el trastorno.Varios grupos de investigación,empezaron lineas de trabajo en esta dirección.Entre ellos el de la vasca Maria Mellén.
“Lo más difícil es conseguir que los ratones autistas tengan interés en reproducirse” Es domingo 11 de diciembre del 2011. Son las diez y media de la noche y Marian está inyectando un lipopolisacárido extraído de bacterias en el abdomen de sus ratoncitos autistas. A la hora ya tendrán fiebre. A la mañana siguiente Marian los sacrificará, extraerá el trocito de cerebro que le interesa (en esta ocasión justo el sistema coeruleus-noradrenérgico), seleccionará el tipo celular que quiere analizar (en este caso células noradrenérgicas), purificará los ribosomas, extraerá de ellos el ARN mensajero, y lo secuenciará entero para construir el transcriptoma. Con ello verá qué genes se estaban expresando, lo comparará con otros ratones autistas a los que sólo les inyectó suero y no desarrollaron fiebre, y analizará cual de sus tres hipótesis de trabajo encaja mejor. Construir ratones autistas tiene su intríngulis. Inicialmente se generan mutando de manera dirigida genes específicos asociados a autismo en humanos. Cuando nacen las crías observan cuáles muestran menos apego a sus madres, no emiten tantos sonidos, suelen moverse pegadas a las paredes frotándose en ellas, y no tienen ningún interés en explorar su entorno cuando las meten en jaulas nuevas con otros ratones. Esos son los autistas, y los que Marian irá reproduciendo, seleccionando de nuevo, y utilizando en sus experimentos. “Lo más complejo es conseguir que se apareen”, me cuenta Marian mientras comprueba el estado de una hembra embarazada, “metes un macho y hembra autistas en una jaula, y no muestran el mínimo interés en reproducirse”.
Las tres hipótesis que baraja Marian Mellén para explicar cómo puede la fiebre mejorar los síntomas del autismo son: a) No es la temperatura en sí: la infección genera una respuesta inmune y neuroinflamación que genera una cascada se señalizaciones celulares y activa sistemas desregulados por el autismo. b) El estado febril implica una serie de cambios epigenéticos en la expresión de genes implicados en el autismo (para analizar esto además del transcriptoma también extrae ADN nuclear y secuencia el epigenoma). c) Es la temperatura: las áreas del cerebro que se activan como respuesta a la subida de la temperatura corporal influyen en la mejora de los síntomas. Esta última hipótesis es la más esperanzadora para familiares, y la que daría un vuelco más importante al estudio de la enfermedad. Primero porque sería bastante fácil diseñar terapias no invasivas para tratar síntomas, y segundo porque podría implicar un cambio conceptual en el trastorno: algunas alteraciones conductuales no serían consecuencia directa de un fallo básico en el sistema, sino más bien fruto de una desregulación. Y si es desregulación, se podría modular más fácilmente. Marian explica que tanto su jefe Nathaniel Heinz como Jim Simons están expectantes ante esta posibilidad, y que de confirmarse sería un verdadero bombazo. De momento, más allá de lo que concluya tras analizar en detalle un número significativo de transcriptomas, Marian sí observa que sus ratones autistas muestran comportamientos más atenuados horas después de inducirles fiebre. Es pronto todavía. El tiempo y los experimentos tendrán la última palabra. Cotilleo científico Medianamente relacionado con el tema, no puedo evitar explicar lo que me contaron hace unas semanas en el congreso de la Society for Neuroscience en Washington DC. Un neurocientífico amigo me dijo que una vecina de su labo tenía resultados espectaculares suministrando a ratones autistas un fármaco ya existente recetado para otra enfermedad. Se ve que efectivamente son datos buenísimos. Están perfilando detalles para publicarlos, pero ya los han presentado de manera preliminar en un par de congresos. Pues bien; se ve que a estos congresos técnicos suelen acudir familiares de niños autistas. Y uno de ellos, médico, probó directamente ese fármaco en su hijo. Es una actividad que conlleva un enorme riesgo, posiblemente ilegal, absolutamente desaconsejable, y que podría haber terminado de manera fatal. Pero al tiempo se dirigió a la investigadora para explicarle que su hijo había mejorado ostensiblemente. Es un caso aislado, que no permite sacar conclusiones, peligroso, y que bien podría tratarse de una exageración. Pero estas cosas que no aparecen en los artículos científicos también forman parte del mundo de la ciencia; más allá de lo que se queda en los laboratorios.
Fuente:Pere Estupinyá.
Personalmente noté,que cuando mi hijo tenia fiebre,sobre 39º,su comportamiento mejoraba.Se notaba más alerta,menos ecolálico,mas conectado con el medio.
Siempre me ha llamado la atención esta relación.
Aun queda mucho por investigar y estos pequeños estudios,son un gran avance.
Observaron que la niña mejoraba cuando tenia fiebre.Durante unos días le miraba a los ojos,hablaba más y sufría menos movimientos descontrolados,característicos en el autismo.Y no era el único caso.
Muchos padres han notado cierta mejoría de los síntomas en sus hijos con autismo,durante los estados febriles.
La confirmación llegó en diciembre de 2007,cuando epidemiologos de la Johns Hopkins School of Public Hálito,publicaron un estudio clínico,ratificando que,efectivamente,sin conocer todavía por que mecanismo,pero la subida de temperatura corporal atenuaba los síntomas del autismo.
Una pequeña revolución en la comunidad de investigadores en autismo y nuevas espectativas en las asociaciones de familiares:la relación podría esconder un posible tratamiento.
Fue así,como James Simons,fundó la Simons Fundation,para el estudio del autismo y empezó a financiar lineas de investigación para entender la correlación fiebre-autismo. y ver si de alguna manera el mecanismo podria ser utilizado de manera terapéutica.La hipótesis de trabajo de Mellén,nace de la segunda revolución en la asociación fiebre-autismo:
en 2009 los científicos Mark Mehler y Dominic Purpura del Albert Einstein College of Medicine en NY, publicaron una hipótesis muy prometedora:
hay una área del cerebro llamada sistema locus coeruleusnoradrenergic (LC-NA) que está involucrada en la regulación de la temperatura corporal y cuya desregulación también se ha asociado a los cambios conductuales asociados al autismo.
La publicación no era artículo científico, con resultados experimentales,sino una interesantisima y solida hipótesis de trabajo inicial,que venia avalada por muchos otros datos conocidos sobre el trastorno.Varios grupos de investigación,empezaron lineas de trabajo en esta dirección.Entre ellos el de la vasca Maria Mellén.
“Lo más difícil es conseguir que los ratones autistas tengan interés en reproducirse” Es domingo 11 de diciembre del 2011. Son las diez y media de la noche y Marian está inyectando un lipopolisacárido extraído de bacterias en el abdomen de sus ratoncitos autistas. A la hora ya tendrán fiebre. A la mañana siguiente Marian los sacrificará, extraerá el trocito de cerebro que le interesa (en esta ocasión justo el sistema coeruleus-noradrenérgico), seleccionará el tipo celular que quiere analizar (en este caso células noradrenérgicas), purificará los ribosomas, extraerá de ellos el ARN mensajero, y lo secuenciará entero para construir el transcriptoma. Con ello verá qué genes se estaban expresando, lo comparará con otros ratones autistas a los que sólo les inyectó suero y no desarrollaron fiebre, y analizará cual de sus tres hipótesis de trabajo encaja mejor. Construir ratones autistas tiene su intríngulis. Inicialmente se generan mutando de manera dirigida genes específicos asociados a autismo en humanos. Cuando nacen las crías observan cuáles muestran menos apego a sus madres, no emiten tantos sonidos, suelen moverse pegadas a las paredes frotándose en ellas, y no tienen ningún interés en explorar su entorno cuando las meten en jaulas nuevas con otros ratones. Esos son los autistas, y los que Marian irá reproduciendo, seleccionando de nuevo, y utilizando en sus experimentos. “Lo más complejo es conseguir que se apareen”, me cuenta Marian mientras comprueba el estado de una hembra embarazada, “metes un macho y hembra autistas en una jaula, y no muestran el mínimo interés en reproducirse”.
Las tres hipótesis que baraja Marian Mellén para explicar cómo puede la fiebre mejorar los síntomas del autismo son: a) No es la temperatura en sí: la infección genera una respuesta inmune y neuroinflamación que genera una cascada se señalizaciones celulares y activa sistemas desregulados por el autismo. b) El estado febril implica una serie de cambios epigenéticos en la expresión de genes implicados en el autismo (para analizar esto además del transcriptoma también extrae ADN nuclear y secuencia el epigenoma). c) Es la temperatura: las áreas del cerebro que se activan como respuesta a la subida de la temperatura corporal influyen en la mejora de los síntomas. Esta última hipótesis es la más esperanzadora para familiares, y la que daría un vuelco más importante al estudio de la enfermedad. Primero porque sería bastante fácil diseñar terapias no invasivas para tratar síntomas, y segundo porque podría implicar un cambio conceptual en el trastorno: algunas alteraciones conductuales no serían consecuencia directa de un fallo básico en el sistema, sino más bien fruto de una desregulación. Y si es desregulación, se podría modular más fácilmente. Marian explica que tanto su jefe Nathaniel Heinz como Jim Simons están expectantes ante esta posibilidad, y que de confirmarse sería un verdadero bombazo. De momento, más allá de lo que concluya tras analizar en detalle un número significativo de transcriptomas, Marian sí observa que sus ratones autistas muestran comportamientos más atenuados horas después de inducirles fiebre. Es pronto todavía. El tiempo y los experimentos tendrán la última palabra. Cotilleo científico Medianamente relacionado con el tema, no puedo evitar explicar lo que me contaron hace unas semanas en el congreso de la Society for Neuroscience en Washington DC. Un neurocientífico amigo me dijo que una vecina de su labo tenía resultados espectaculares suministrando a ratones autistas un fármaco ya existente recetado para otra enfermedad. Se ve que efectivamente son datos buenísimos. Están perfilando detalles para publicarlos, pero ya los han presentado de manera preliminar en un par de congresos. Pues bien; se ve que a estos congresos técnicos suelen acudir familiares de niños autistas. Y uno de ellos, médico, probó directamente ese fármaco en su hijo. Es una actividad que conlleva un enorme riesgo, posiblemente ilegal, absolutamente desaconsejable, y que podría haber terminado de manera fatal. Pero al tiempo se dirigió a la investigadora para explicarle que su hijo había mejorado ostensiblemente. Es un caso aislado, que no permite sacar conclusiones, peligroso, y que bien podría tratarse de una exageración. Pero estas cosas que no aparecen en los artículos científicos también forman parte del mundo de la ciencia; más allá de lo que se queda en los laboratorios.
Fuente:Pere Estupinyá.
Personalmente noté,que cuando mi hijo tenia fiebre,sobre 39º,su comportamiento mejoraba.Se notaba más alerta,menos ecolálico,mas conectado con el medio.
Siempre me ha llamado la atención esta relación.
Aun queda mucho por investigar y estos pequeños estudios,son un gran avance.
sábado, 16 de mayo de 2015
Carta Abierta al Sr Ramiro Mendoza,por usar de forma peyorativa la palabra Autismo.
Sr.Ramiro Mendoza,ex Contralor General de la República de Chile:
El 15 de mayo de 2015,a través del diario online El Dínamo,usted descalificó a las personas Asperger al referirse a ellos como una sociedad incapaz,hablando de forma inexacta de la sintomatología del Asperger,diciendo que no pueden comunicarse ni hacer trabajo colectivo.Absolutamente alejado de la realidad.
Si bien,algunos no son verbales,pueden perfectamente comunicarse a travez de metodos no convencionales,ya sea,pictogramas,lengua de señas,etc.
Las personas con autismo sienten, interactúan, se comunican –con o sin lenguaje ya lo he dicho-, comparten y son luchadores natos que se esfuerzan a diario. Como madre de un niño con autismo le pediría que deje de utilizar el término autismo en ese sentido negativo, pues es una forma de contribuir a la discriminación y a la exclusión de todos los afectados por este síndrome.
A pesar de los esfuerzos que muchísimas personas y entidades estamos realizando para erradicar la asociación de autismo con “ausencia de interacción social”, “aislamiento en su propio mundo” o “incapacidad de sentir”, entre otros mitos y falsedades, cada vez son más los periodistas, políticos o líderes de opinión los que con ligereza se suman al uso abusivo del término “autista” para descalificar,contribuyendo al mito y a la desinformación general sobre el espectro. Si se conociera la realidad del autismo, a nadie se le ocurriría más que asociar autismo con “superación”, “esfuerzo”, “nobleza” o “sensibilidad”.
La prevalencia del autismo hoy en día es lo suficientemente significativa como para promover acciones de información y sensibilización, con afirmaciones que se apoyen en evidencias científicas y ajustadas a la realidad.
El autismo no es una enfermedad,es una condición y afecta de manera diferente a cada individuo.
Sus palabras Sr.Mendoza,lejos de ayudar,hieren la dignidad de las personas con Autismo,a un colectivo de padres y madres y familiares que luchan por la inclusión de nuestros hijos y la tolerancia en los distintos espacios públicos.
Puede Ud. utilizar una amplia adjetivación existente para expresar los conceptos que se pretenden transmitir,sin necesidad de usar la palabra AUTISMO o ASPERGER,de forma peyorativa.
Pertenezco a un movimiento social,Autismo Chile,donde luchamos por una Ley de Autismo,queriendo erradicar dichos términos despectivos que solo aumentan la ignorancia sobre el tema.
Quiero entender,que no lo ha hecho por mala intención sino,por desconocimiento,por lo que,lo invito a asesorarse sobre el tema,a investigar lo que el autismo significa...
No queremos robarle más tiempo, pero sí proponerle que nos ayude a acabar con los prejuicios, los mitos o los usos peyorativos que a nosotros nos duelen, además de ser un obstáculo terrible para los afectados y su inclusión. Estamos a su disposición si desea informarse o escribir sobre el autismo.
Atte.
Jéssica Romero Leal,madre de un adolescente con Autismo
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